Cada vez más familias incorporan a sus perros y gatos como un integrante más del hogar. Mientras el mercado vinculado a las mascotas sigue en expansión, especialistas de la Universidad de Buenos Aires advierten que el afecto favorece el bienestar animal, pero que humanizarlos puede hacer que se desconozcan sus necesidades como especie.
Dormir en la cama, celebrar cumpleaños, usar ropa o acompañar a sus dueños a un shopping. Lo que hasta hace algunos años era una excepción, hoy forma parte de una tendencia cada vez más visible: la humanización de las mascotas. El fenómeno no solo transformó la manera en que muchas familias se relacionan con sus perros y gatos, sino que también impulsó el crecimiento de una industria que ofrece cada vez más productos y servicios destinados a ellos.
De acuerdo con especialistas de la Facultad de Ciencias Veterinarias de la Universidad de Buenos Aires (UBA), el cambio responde a una mayor integración de los animales de compañía dentro del núcleo familiar. Sin embargo, advierten que una cosa es fortalecer el vínculo afectivo y otra muy distinta proyectar sobre ellos necesidades, emociones o conductas propias de las personas.
La docente de la Cátedra de Bienestar Animal y Etología de la UBA, Laura Rial, explica que este proceso, conocido como antropomorfización, puede generar problemas cuando se pierde de vista que perros y gatos tienen necesidades específicas de su especie. En ese sentido, sostiene que el bienestar animal depende de respetar sus comportamientos naturales, brindarles estimulación física y mental, establecer rutinas y garantizar cuidados adecuados, además del afecto.
La tendencia también se refleja en el crecimiento del mercado de mascotas. Un informe publicado por Mercado señala que el sector vinculado a alimentos, salud veterinaria, peluquería, accesorios y otros servicios continúa expandiéndose en Argentina, impulsado por consumidores que destinan cada vez más recursos al cuidado de sus animales de compañía.
En ese contexto, Menú de Notas recorrió las calles para conocer cómo perciben los vecinos este cambio.
«Hay mucha gente que hoy en día no trata a los animales como si sintieran. Los dejan en la calle, pero sienten muchas cosas y se ponen felices por muchas cosas los animales», expresó una vecina.
Otro vecino consideró que la relación entre las personas y sus mascotas evolucionó, aunque remarcó la importancia de mantener ciertos límites.
«Yo creo que ha evolucionado el sistema de cómo tratamos a nuestros animales, aunque todavía hay mucha gente que no lo comprende y sigue maltratando a los animales. Hoy en día hay muchos cachorritos que ya duermen adentro, se los trata como hijos o ‘perrijos’. Mis perros duermen adentro, mi señora hizo el curso de peluquería canina y les corta el pelo, pero si no irían derecho a la peluquería. Se los trata casi como un hijo más. Yo creo que todos los extremos son malos; mientras el perro tenga su lugar como perro y el hijo tenga su lugar como hijo, vamos a estar bien», sostuvo.
La creciente presencia de espacios pet friendly, el aumento de servicios especializados y el lugar que ocupan los animales dentro de muchas familias muestran que el vínculo con las mascotas cambió en los últimos años.
No obstante, los especialistas coinciden en que el desafío es encontrar un equilibrio: fortalecer el lazo afectivo sin perder de vista que perros y gatos tienen necesidades propias que deben ser respetadas para garantizar su bienestar.


