La brecha de precios en las líneas provinciales y comunales reconfigura la movilidad en el Conurbano. Usuarios de Lomas de Zamora, Almirante Brown y Esteban Echeverría caminan decenas de cuadras y saturan el Tren Roca para abaratar costos.
El mapa de la movilidad en el sur del Gran Buenos Aires atraviesa una transformación histórica forzada por el bolsillo. Según los últimos registros de transacciones de la tarjeta SUBE procesados por la Comisión Nacional de Regulación del Transporte (CNRT) y la Secretaría de Transporte de la Nación, las líneas de colectivos de jurisdicción provincial y municipal sufrieron una caída vertical del 22,6% en el corte de boletos.
El fenómeno contrasta de forma asimétrica con las líneas que circulan dentro de los límites de la Capital Federal, donde la retracción de pasajeros fue notablemente menor, ubicándose en un 7,2%.
Detrás de esta brecha estadística se esconde una realidad económica que golpea con mayor dureza a la periferia urbana. Mientras que los recorridos interjurisdiccionales nacionales experimentaron una baja del 12,6%, los colectivos que tejen la conectividad interna de los barrios del sur operan con tarifas que promedian los $1.063,98. Para una familia tipo del Conurbano, esto se traduce en un presupuesto de transporte que ya absorbe una porción crítica de los ingresos mensuales obligatorios.
La respuesta de los usuarios ante este escenario se divide entre la caminata forzada y la migración de modalidad hacia alternativas más económicas. En los centros de transbordo clave de la región, como las estaciones de Lanús, Lomas de Zamora y Temperley, el testimonio de quienes viajan a diario coincide de manera matemática con el desplome de las planillas oficiales. Los pasajeros explican que el primer tramo del viaje (aquel que conecta el interior de los barrios residenciales con las estaciones ferroviarias a través de líneas locales como la 501, 506 o 540) se volvió prescindible. Caminar entre quince y treinta cuadras todas las mañanas pasó de ser una excepción a una estrategia de supervivencia financiera para evitar el pago de ese primer boleto.
Esta conducta se complementa con una canalización masiva de la demanda hacia las formaciones del Tren Roca. Al mantenerse la tarifa ferroviaria estructuralmente por debajo del autotransporte automotor, los ramales que unen Alejandro Korn, Ezeiza y Bosques con Plaza Constitución absorben hoy parte del flujo que antes elegía colectivos troncales directos. El resultado es visible a simple vista en las horas pico: andenes y vagones completamente saturados conviven con unidades de colectivos que circulan con amplios espacios vacíos por las avenidas Hipólito Yrigoyen o Eva Perón.
El repliegue del transporte es todavía más agudo durante los fines de semana. Los datos dominicales de fiscalización del sistema muestran un derrumbe del 35,8% en el uso de colectivos en la región. Al no existir la obligatoriedad del traslado laboral, las transacciones de la tarjeta SUBE delatan que los traslados comunitarios, las visitas familiares interurbanas y la concurrencia a centros de esparcimiento locales han quedado prácticamente suspendidos, confinando a los habitantes a sus propios barrios de residencia y resintiendo la actividad comercial del entramado sur.


